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A mis amigos (Eduardo Rosas)

¿Qué puedo contarles, mis amigos? Que no sepan ya ustedes, en sí. Que ya no somos amigos. Porque yo, me preferí.

Pueden muchos numerarse, de quienes amigo fuí. Y yo lo sé, en mi conciencia. De amigo muy mal yo me ví. Preferí yo abandonarlos, antes que ustedes a mí.
Entre aquellos que han estado, siempre existe uno mejor. Siempre, en cada abandono, me coloco antes que él, yo. Me prefiero a mí de amigo. Por periodos, solamente. Hasta encontrar otro amigo, que no sea yo. Diferente.
Que me gane en muchas cosas. Y que yo le gane en otras. Que yo gane más, a veces. Que no contemos derrotas. Y que midamos alcances, situaciones y vivencias. Que nos sacuda así el tiempo, de todas nuestras dolencias. Nuestra carencia es la misma, y viene del corazón. Aunque a mí me falta algo, que a ustedes no les faltó.
No es que sea yo el más roto; o busque ser el mejor. No lo soy.
En nada. Mis amigos: — Siempre es mejor la manada. —Siempre.
Y aunque yo lo entienda así. Si tengo algo en mente fresco, es qu…
Entradas recientes

La literatura de lo extraño.

La desviación de lo ordinario hace parecer más noble la oratoria y puesto que el hombre ama lo insólito, el orador debe darle un aire extraño a sus palabras.Aristóteles

La vida es extraña, es absurda, es caótica, es asombrosa. Lo olvidamos porque nos exponemos a ella a diario y terminamos ignorando su carácter de milagro, así como olvidamos un ruido persistente después de escucharlo un tiempo. El hábito, la costumbre, la inercia, adormecen nuestra capacidad de asombro. El papel de la literatura es sacudir ese asombro, es encontrar de nuevo el milagro, es señalar la maravilla. Es por ello que la literatura juega con el lenguaje. El lenguaje es la forma en la que aprehendemos la realidad y jugar con el lenguaje es jugar con nuestra forma de percibir la realidad. Los recursos, tropos, técnicas, arabescos y meandros de la poesía, la narrativa y el ensayo, nunca deben ser rebajados al papel de adornos. El papel de la literatura no es decir algo de tal forma que suene bonito, sino decir alg…

El culto de la ignorancia

“La tierra es plana” grita un nuevo movimiento al que pertenecen grandes celebridades mundiales. “La tierra es plana” grita en las redes sociales y millones de personas les creen. El caso es un ejemplo paradigmático de nuestra cultura, una señal de los tiempos. Bastarían un par de sombras y un conocimiento mínimo de geometría para demostrar que la tierra no es plana, como lo demostró Aristarco de Samos hace miles de años. Pero no, nadie quiere saber de geometría. Es más fácil, más cómodo limitarse a experiencias tan inmediata como limitadas: mirar el horizonte y señalar que es una línea recta, conducir un auto un par de kilómetros y decir que el suelo se siente plano. Estos paladines de la ignorancia llevan adelante su cruzada mediante memes y arengas. No razonan, no argumentan. La simpleza es su arma y su escudo. Son perfectamente inmunes a cualquier razonamiento que contraríe sus creencias y desprecian públicamente el conocimiento y la ciencia. Son el perfecto ejemplo de nuestro tie…

Nueve lunas

1. Luna es una gata celeste que camina en el firmamento. A veces vemos su lenta sonrisa que crece a medida que la embarga la alegría de nuestras pequeñeces, a veces su sonrisa desaparece porque se cansa de nosotros y se va a dormir en el fondo de la noche luminosa.
2. Luna es una moneda lanzada por el demiurgo, una moneda que gira sin prisa, una apuesta interminable, un óbolo lanzado al aire no termina de caer, una duda que el azar no define aún.
3. Luna es una boca. Se abre en sonrisa, se eleva a grito, entra en asombro, cae en bostezo y se cierra en un silencio inquieto, mientras espera de nuevo su momento de cantar.
4. Luna es una grieta, es la noche que se rompe, es una rasgadura de insomnios, una ruptura por la que la oscuridad derrama la luz que esconde. Una herida de la que brotan estrellas y luego sana.
5. Luna es una ventana por donde se asoma la eternidad a ver el tiempo, por donde se asoma el infinito a ver fronteras, por donde nos contempla el absoluto. …

Cápsulas narrativas

Venganza
Pasó la vida matando el tiempo.
El tiempo se vengó.

Requiem
Decidió traer una diminuta serenata para acompañar mi insomnio. Tocó junto a mi oído una mínima melodía con toda la pasión de su discreta existencia.
Maté con un golpe impaciente al zancudo que no me dejaba dormir.

Curiosity
En un planeta sin vida, un robot curioso recorre sin prisa las dunas rojas buscando señales antiguas. Una vez al año se detiene y canta su propia canción de cumpleaños en medio de un desierto infinito.

Invisible
Me hice un tatuaje del hombre invisible.
Nadie me cree.

Realismo mágico
Mi tesis es como el Coronel de la historia de García Márquez: No tiene quien la escriba.

La creación y el mantenimiento
Dios creó el universo, los cielos y los mares, las montañas, los ríos, y de paso el infierno. Luego decidió cobrar un impuesto del 10% de tu salario para gastos de mantenimiento.

Jardín

Tengo libros sobre mi cama, junto a mi cama, sobre el estuche de la guitarra, al lado de la hamaca. Tengo libros, obviamente, en mi biblioteca y sobre mi mesa de trabajo; pero también en la cocina, sobre la nevera, sobre el microondas. No tengo sobre la estufa o en el lavaplatos por obvias razones, pero sí en el baño, por razones que también son obvias. Tengo libros en todas las partes de mi casa. Los dejo allí como trampas, como anzuelos dispuestos, como umbrales, como puestos de avanzada. Aunque no son decorativos, alegran cada sitio. No estoy leyendo todos esos libros al tiempo. Los dejo allí porque en algún momento los leeré o en algún momento volveré a ellos. Me sirven también como símbolo, como recuerdo. Para que no se conviertan en parte del paisaje, siempre los estoy moviendo. Los cambio de lugar para sorprenderme con otro título, con la promesa de otro encuentro. También los saco de paseo, siempre hay alguno en mi mochila. Me acompañan en mis andanzas porque sé que en algún m…

El decálogo de la escritura por Liliana Heker

Las ganas de escribir vienen escribiendo. Es inútil esperar el instante perfecto en que todos los problemas han desaparecido y solo existe el deseo compulsivo de escribir: ese instante no existe. En general, uno se sienta a escribir venciendo cierta resistencia —salir del estado de ocio no es natural—, uno oficia ciertos ritos dilatorios, uno por fin, con cierta cautela, escribe. Y en algún momento uno tal vez descubre que está sumergido hasta los pelos, que todos los problemas han desaparecido, y que no existe otra cosa que el deseo compulsivo de escribir.La primera versión de un texto es sólo un mal necesario. Suele estar bien lejos de aquello completo e intenso que uno difusamente ha concebido. Corregir no es otra cosa que ir encontrando a Moisés dentro del bloque de mármol.En literatura no existen sinónimos ni equivalencias: no es lo mismo un rostro, que una cara, que una jeta, “Dijo que estaba harto” no equivale a “—Estoy harto — dijo”. Aferrarse a una frase o una palabra simpl…