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El prisionero solitario.

Anoche escuchaba que un pájaro respondía con su trino a los ladridos de un perro. La respuesta era inequívoca, nítida, automática. Descubrí que era del único pájaro enjaulado que hay en la finca de mis padres. 

La finca es un santuario para la fauna y la flora locales. Mis padres prohibieron la cacería o el maltrato de toda forma de vida en sus dominios y desde entonces la casa es habitada por toda clase de animales, la mayoría son aves, varios mamíferos (entre los que se cuentan algunos humanos) y demasiados insectos. 

Esta mañana desperté escuchando una algarabía de las innumerables aves. Patos, cotorras, gallinas, pavos reales, gallinetas, canarios, mochuelos, pavos, parguaratas, gallos, martines pescadores, canarios, cucaracheros, floticas, pericos, azulejos, floticas, etc., se disputaban el amanecer. Por encima de todos escuchaba un toche que trinaba un estribillo a veces inconcluso. Todos, incluso los domésticos, andan libres. Excepto por ese único pájaro. 

En los atardeceres se oscurece el cielo con una bandada de garzas negras que buscan refugio en la zona boscosa, una reserva forestal que mis padres han dejado para convivir con la naturaleza local y que ocupa más de la mitad de la finca. Algunas garzas intentan comerse los peces de los estanques. Mis padres y hermanos las atrapan, las regañan, les dan un cocotazo, las marcan con una cinta en la pata, y las sueltan de nuevo. La cinta con las que las marcan sirve para determinar si el regaño ha sido efectivo o si se atreven a regresar. Nunca las matan, ni a ellas ni a los cucaracheros que se aventuran hasta la cocina a romper los huevos y robarse el pan, y con los que hay que disputarse el territorio en franca lid. SI atrapan alguno, también lo regañan. Nunca se les ocurriría matarlos, encerrarlos o hacerles, daño. Saben que compartimos un territorio común y que tenemos que aprender a vivir juntos. Aquí todos conviven en libertad. Excepto por el único pajarito enjaulado.

El pajarito en su pequeña jaula era un misterio para mí. Esta mañana me acerqué a la jaula a investigar al prisionero. Mi mamá se acercó también, abrió una tapa bajo la jaula y extrajo dos baterías. 

- Para que no moleste esta noche.- Me dijo.

El único prisionero en la finca es un pájaro artificial.

Carlos García

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